viernes, 12 de abril de 2013

El danga-danga y sus implicancias


De pequeña, mi gran amiga N y yo solíamos caminar detrás de sujetos para jugar al danga-danga. El juego consistía en hacer coincidir la frase ‘danga-danga’, que íbamos cantando por detrás, con el vaivén de los glúteos de la persona a seguir. Un danga por glúteo, para ser más precisa, y, a modo de juego de estatua, nos deteníamos detrás de la víctima cuando alguna vidriera lo detuviera. El juego terminaba, idealmente, cuando la víctima comenzaba a sospechar o cuando creíamos que entendían la correspondencia entre los glúteos y lo que cantábamos.
De ahí, creo yo, puede que venga mi fascinación por los culos. Pero déjenme aclarar sin que oscurezca, no es un tono vulgar que me maravillo antes ellos sino más bien artístico. Como quien mira una obra de arte y se deja deslumbrar por su singularidad.
Con el tiempo, al igual que les sucede a los críticos de arte, los ojos se nos van afilando y la crítica se vuelve más exquisita. Es entonces cuando, en un intento por socavar los principios del arte culinario, uno va a parar, como dijo mi profesora de Lingüística,  donde terminan los rebeldes: en las categorías.
Hasta ahora, mi investigación puede simplificarse en cuatro grandes categorías: sonrientes, baywatch, tímidos y  mochilas portabebés.
Los sonrientes, como su nombre lo indica, son el resultado de una gran y explosiva sonrisa, dos grandes cachetes hinchados y comprimidos. O, como una amiga de la facultad tan sabiamente lo apodó: el culo gaturro.
Los baywatch, por otro lado, son largos y esbeltos y se asoman como quien se asoma delicadamente por la ventana a echar un vistazo timidón. Son comunes en bailarinas de ballet o yoga o deportes femeninos y delicados. Si se los mira con detenimiento y se les agregan ojos, parecen caras alargadas.
Los tímidos, a diferencia de estos otros, se camuflan haciéndose pasar por una continuación de la espalda. Son los famosos ‘espalda larga’ que apenas si se notan porque le siguen las piernas hacia abajo. Sus portadores suelen recurrir al uso obligatorio de cintos  para mantener los jeans en su lugar ya que carecen de esa protuberancia que detiene la caída del pantalón.
Los mochila-portabebés, por último pero no menos peculiares, son los que, como su nombre lo delata, portan una vida aparte. Es posible notar un gran esfuerzo de los glúteos por hacer que la carne se les adhiera pero es inútil, por su tamaño y peso cuelgan.
Por supuesto que dentro de cada categoría existen también subgrupos que determinan la firmeza o textura del culo pero no puedo detallar sobre esto. Hasta ahora, el danga danga no me ha cruzado con ningún culo desnudo por la calle pero apenas me cruce uno lo detallaré.
Siempre me resultaron útiles los pasatiempos de vereda para cuando tengo varias cuadras por delante. Durante mucho tiempo me dediqué a la popular evasión de las líneas de la baldosas pero como muchas veces perdí por culpa de otros peatones decidí inventar otros. Uno de ellos era caminar como bailarina – apoyando primero la punta del pie-, otro consistía en improvisar  un videoclip para la canción que estuviera escuchando – cuando disponía de un reproductor-  lo que sacó una gran actriz y pelotuda de adentro mío pero ninguno fue tan intenso y comprometido con el danga-danga.
La conclusión puede resultar algo trillada, pero si de algo estoy segura es de que cada culo es un mundo.