jueves, 30 de agosto de 2012

La peatonal Córdoba y su tendencia a acentuar mi mal humor


No veo la hora de llegar a casa. Bah, casa de mi novio. Pero en fin, ya resolví esa incomodidad de llamarle ‘casa’ sin un posesivo adelante. De hecho, él se siente casi halagado cuando digo ‘casa’ así que es  un golazo.
 Voy caminando tan rápido que ni pienso en jugar a no pisar los bordes de los mosaicos. Es más, me siento madura y superada por no estar haciéndolo, pero por dentro sé que apenas pueda caminar lento voy a volver a jugarlo. Pero eso no importa ahora. Sólo quiero llegar a casa y que el transcurso sea lo más rápido posible. Pero parece a propósito, cuanto menos uno quiere ver gente, aparecen los que encabezan la lista de ‘personas que odiaría cruzarme cuando voy caminando rápido y de mal humor por la calle’. Que no es gente que no bancas sino que todo lo contrario. Es esa gente que no podés no parar a saludar (porque puede que se depriman, dejen de hablarte  o le digan a tu mamá que sos una insolente por no haber saludado) pero que, a la vez, no sabés qué decirles en escenas tan repentinas.
-‘Tanto tiempo!’ Mirá cómo tenés los brazos todo pinturrajeados. Queeeé looocaaa! (con una tonadita ascendente, horrible e interminable)
Sin duda los tatuajes funcionan de imán para preguntas idiotas:
-“ Qué significa esto? Por qué te lo hiciste?. Uuuy, y eso?! Una calavera? Ay qué miedo…por qué una calavera?”
Y te lo dicen preocupados. Como suponiendo que si te tatuás una calavera tuviste una adolescencia ultra problemática o que alguno de tus padres es alcohólico o está en cana. Y ahí se supone que viene tu explicación barata de por qué te gustan las calaveras y no las flores de loto, con un ininterrumpido contacto visual como para evaluar tu mentira, porque ellos están convencidos de que lo que decís es todo ficticio y que estás sufriendo y necesitas terapia.
Pero fingen comprar tu mentira y es ahí cuando tenés que ser lo suficientemente astuto para rápidamente mirar el reloj e improvisar un compromiso urgente para escapar o sino…
-‘Pará… pará, y tu mami cómo anda? Sigue con el negocio? Ay y qué te dice de los tatuajes! Debe estar como loca, o no?!”
Y ahí, cagaste. Cuando empiezan a preguntarte por el resto de tu familia, es mala señal. A partir de ese momento tenés que considerar unos 20 minutos extras para llegar a tu destino.

-“ La puta madre que las parió a todas  las amigas de mi mamá y al mini usb del orto que no aparece por ningún puto lugar y no me deja cargar el mp3 para poder caminar por la calle con música y que me funcione de excusa para no saludar a nadie y maldita facultad hippie por estar justo en el medio del centro y la peatonal!”
...

Me cuesta controlar mi irritabilidad post-periodo y pre-examen final. Sepan disculparme si no los saludo al cruzarlos por la peatonal. Odio la peatonal. Me parece un desfile de personajes. Siempre pienso que los que caminan por ahí, exageran lo que hacen porque se sienten tan observados que necesitan sobreactuar cada uno de sus pasos. Para mi, es por la tipica escena de película en que el personaje camina entre el gentío y se sabe el protagonista de la escena. O algo así.
 Dos de cada tres encuentros casuales en la peatonal suelen ser explosivos, con griterío y abrazo de koala de por medio. Y si hay algo que no soporto es el derroche de euforia en pelotudeces. Si un día se ganan la lotería, qué onda? Se mueren de un infarto? Bueno, por mí que se jodan.