martes, 11 de mayo de 2010

La superpoblación de las tarimas de Planet.
De los accidentes y pormenores en el boliche teen.



Desde pequeña que adoro bailar. Y este amor por el baile se intensificó superlativamente una vez otorgada la habilitación oficial de mis progenitores para IR A BAILAR (con todo lo que el acontecimiento implica)
En aquel entonces el lugar que rockeaba era Planet Disco. (Y aprovecho el espacio para hacer un reconocimiento a los geniales diseños de las invitaciones, eran buenísimas, yo solía coleccionarlas)
Claro que antes de cada salida, había una previa. Y para recibir la noche, el lugar era “Alto Pelado”, un bar totalmente ilegal donde te vendían dos tequilas (o al menos eso decía la botella) por cinco pesos sin juzgar tu cara de púber inexperto en ingesta de alcohol.
Si ese bar hablara sin duda publicaría la primera y patética vez que tomé alcohol. Recuerdo que fui acompañada de una amiga de aquellos tiempos que, siendo menor que yo, ya tenía un historial importante en lo que a bebidas alcohólicas y joda refiere.
Esa noche el plan era “escabiarnos a morir” en el bar y después disfrutar las consecuencias en “Archi” (otro boliche de la época).
Feliz de que tenía amigos re locos y alcohólicos, fui al bar y comenzó la ronda de tragos. La mezcla en ese entonces no pegaba tanto como ahora o bien, hasta los 18 años, la tolerancia del hígado es tanto mayor que a los 22.
Yo estaba nerviosa. Era mi primera vez bebiendo y a costas de la confianza de mi papá que tan confiado me dejaba en la puerta del boliche de donde luego partíamos clandestinamente al bar. El simple hecho de pensar en que le tenía que mentir a mis papás me generaba culpa. Pero pelearse con los padres por el tema salida era moneda corriente en mi pubertad y hasta casi te diría que cool. La culpa, por suerte, era superada rápidamente al próximo fin de semana en que la historia se repetía.
Luego de varias ojeadas al menú de tragos que, by the way, parecía una lista de integrantes de una peli porno por los nombres de las bebidas, me decidí por una Caipirinha.
Confiadísima por lo que la corrupta de la chica que atendía en la barra me había dicho, elegí una Caipi porque parecía ser el trago que menos alcohol tenía según ella.
Mi amiga sorprendida por mi soltura para elegir, me alertó sobre el volumen alcohólico de mi bebida. Tal fue así que, poseída por un cagaso abismal de embriagarme y de que tuviera que llamar a mamá para buscarme, me hice la canchera y fingí haberme tomado todisimo el trago cuando en realidad, cada medio sorbito, iba al baño a derrochar la Caipirinha por el inodoro. Y el final fue mucho más patético porque para evitar que mi amiga alcohólica dejara de ensartarme alcohol me ví obligada a hacerme la borracha. La conclusión de la noche, como dice Karina Olga, la dejo a tu criterio.
En mi temprana adolescencia era muy inocente. Cuando podía trataba de evitar las salidas que incluían mentirle a mamá pero llegó un momento en que el fin de semana se trataba básicamente de eso.
De todos modos lo que yo más amaba de ir a bailar era precisamente Bailar. Me vestía con ropa que, dentro de los parámetros de “putita” me permitían moverme con total libertad. Entraba al boliche y, ya sea al ritmo de “zombie nation” o “Vengaboys” yo me subía a la tarima y de ahí nadie me bajaba.
Por suerte la mayoría de mis amigas tenían un concepto similar y nos divertíamos principalmente bailando (excepto mi amiga Nadine cuya madre no autorizó a salir legalmente sino hasta los 18 años. Aun guardo la cartita Teen que me hizo llena de colores en la cual me contaba lo feliz que era que Silvia ya la dejaba salir)
Mi amiga Stefanía era la que mejores remeras para salir tenía así que todas nos asegurábamos de ir a su casa antes de salir para que se apiadara de nuestra indumentaria y nos alquilara su placard. Una vez empilchadas salíamos.
Con mi amiga teníamos bastante en común. Las dos éramos excelentes alumnas, olfas y aplicadas y a mi eso me daba tranquilidad porque mi mamá la quería mucho y confiaba plenamente en que ambos angelitos juntos jamás haríamos algo incorrecto.
Mi amiga Nadine, en cambio, no tenía buenas notas y me escribía cartas cuasi-lésbicas lo cual era motivo suficiente para que mi mamá la odiara y la considerara una mala influencia.
Con Stefanía una vez salimos solas. Todavía incluso recuerdo lo que llevábamos puesto. Ella estaba divina. Yo intentaba, pero la combinación nunca fue mi fuerte y en maquillaje nunca tuve un asesor confiable.
Esa noche bailamos sin parar. Creo que ni nos detuvimos a hablar con ningún chico. Nos habíamos apoderado de la tarima principal, la más alta que estaba en la entrada y no queríamos ni ir al baño para no perder ese lugar excepcional. La gente nos miraba y hasta a veces parecían copiarnos los pasitos. La pasamos genial.
El problema de aquellas tarimas además de la altura, era la cantidad de chicas que, locas por tener protagonismo coreográfico, rebalsaban el espacio. Por momentos ya no bailábamos sino que hacíamos un paso para la izquierda y otro para la derecha con un meneo importante de cintura para ponerle onda.
La invasión territorial realmente me irritaba. Por eso comencé a eliminar competencia a caderazos. Una por acá, otra por allá y ya teníamos espacio nuevamente para desplazarnos más.
Dicen que el que ríe último ríe mejor. Y la situación posterior sin dudas lo comprueba. En pleno bailoteo de unos de esos temas en los que todas mueren por ser vistas menear, la tarima se plagó de púberes en celo y en una artimaña fallida, Molly, quien les escribe, terminó sepultada en el suelo pegajoso por licuados frutales volcados (en Planet no vendían alcohol pero te vendían un licuado artificial de frutillas que se veía casi como un daikiri).
Mi amiga Stefanía seducida por la gracia de mi caída, no tuvo otra mejor idea que reirse a carcajadas de mí, que desesperadamente le extendía mi brazo para que me rescatara o bien me hiciera desaparecer.
Al no ver una actitud de rescate sino de burla en ella, mi mejor venganza fue tomarla del brazo para hacerla caer conmigo.
No se cómo rayos fue que hizo pero aún siendo casi medio metro mas baja que yo, no sólo resistió mi tironeo sino que se tomó el atrevimiento de burlarse a los gritos de mi reacción acusando que la quise hacer caer y no me salió.
No recuerdo qué sucedió a posteriori pero puedo recordar plenamente como me sentí y todas las desgracias que le deseé en un instante (Stefanía por suerte sigue viva y no la pisó ningún camión)
Las salidas con amig@s constituyen un archivo interesantísimo sobre nuestro crecimiento y las aventuras que dicho proceso implica. Y remontarnos a esos días bien podría ayudarnos a darnos cuenta si seguimos igual de pelotudos o si esa pelotudez mutó en una cultura alterna.
La reflexión la dejo en sus manos.

No creo en lo que se dice


No ha de ser otra cosa que lo que no pronuncias, mi verdadera estabilidad.

No soy en la frivolidad de tus palabras, vivo, extraordinariamente, el regodeo de morar en tu inconciencia.

¡Cuántos estúpidos escoptofóbicos agazapados en las sombras de sus efímeras palabras!













Escoptofobia: Miedo a ser visto o ser mirado fijamente



(Un poco de catarsis poética no viene nada mal)

martes, 4 de mayo de 2010


El trágico final del Rey Arturo
De los gajes de la convivencia.


Me casé, podría decirse. Y mi ausentismo por estas tierras cibernéticas-literarias se debió a eso. Mi gran amiga y ahora concubina Clarita se vino para casa
la semana pasada y esto revolucionó mi última semana. Las cosas marchan viento en popa. Y una vez más parecería estarse cumpliendo una vieja frase materna, “mientras no compartas cama, la convivencia es posible”.
Clara es una muchacha serena y divina y por suerte tiene su propio cuarto en la casa, el cual, antes de su arribo, solía ser mi cuarto de amontonamiento de cosas inútiles pero que nostálgicamente deseaba conservar (como por ejemplo el traje de chica afro que usé para una coreo de danza en el que todas las bailarinas parecían muñequitas de porcelana en tutús mientras que en mi grupo parecíamos una tribu de africanitas sueltas)
Clara también tiene muchos amigos y de esos de confianza que vienen a verte y te visitan. Yo, más que contenta porque afortunadamente el entorno de personajes que frecuenta Clarita es de mi mejor sintonía y me gustan las visitas en casa. Y además, sé que dada una situación en quisiera estar sola siempre cuento con mi trinchera para ponerme a saltar como un saltamontes tan pronto un ataque de histeria mensual o felicidad se aproxime.
Hoy en particular rememoré a Julito Cortázar todo el día. Y les comentare por qué. Si alguno de ustedes tuvo el honor de leer “Un tal Lucas” podrá compartir la gracia y si no lo han leído también porque trataré de ser lo más sutil posible pero detallista a la vez.
No sé si ustedes serán del tipo de gente que usa metáforas absurdas y ultra rebuscadas y para evitar pronunciar la acción de HACER CACA. Porque parecería que la gente, o bien cuenta con un misterioso sistema digestivo auto-renovable que no precisa la evacuación para seguir funcionando o nunca hace la cacona. En fin, es un tópico ultra tabú que la mayoría esquiva como lo canta Calamaro: “pasemos a otro tema, no quiero hablar de eso”.
Por mi parte, hoy reflexionando descubrí que dicha situación esconde un trasfondo de momentos superlativamente graciosos e irrisorios que merecen ser contados.
Clarita, a sólo cuatro días se haberse mudado aquí conmigo ya lleva un registro de accidentes caseros en el que algún que otro vidrio salió herido. Si me permiten ser más precisa, hubo un día en el que por un lapso de apróximadamente 45 minutos rompió cual objeto o utensilio tocaba. Me asusté por un instante pero al parecer, su torpeza fue contagiosa y de repente mi forma de movilizarme se volvió brusca y comenzó a responder a destiempo de mis órdenes cerebrales. Por citar un ejemplo les puedo contar que abrí la heladera y, cual súper heroína, la botella de Sidra que estaba en el estante derecho inferior voló y cayó sobre el piso no sólo mojando todos nuestros hermosos mosaicos sino también inaugurando un hermoso aroma sidroso en todo el hogar. Por eso mismo, no hubo lugar a reclamos por incidentes. Con Clara de hecho estamos considerando lanzar una competencia de torpeza casera.

En el día de ayer, Clarita tuvo dos visitas: Diego y José. Ellos llegaron en mi ausencia por lo tanto los encontré al llegar a casa cerca del mediodía.
Diego ya es de confianza, si tuviera que definirlo en pocas palabras es el “tipo con la posta” porque hasta lo que conozco de él, es de esas personas que cuando emiten una palabra uno por dentro piensa ‘mirá que copado como razona este chabón, que mirada tan particular tiene sobre las cosas’ (o quizás uno no piensa todo eso literalmente pero sabe que el tipo sabe)
José por otro lado es hasta ahora el mayor exponente en cocina que alguna vez conocí (mamá no leas esto). Anoche se mandó el wok con fideos de arroz más suculento que jamás había probado. Es así que mi sistema digestivo al recibir y procesar un plato tan delicioso se encontró, de pronto, asombrado. Y el asombro se hizo notar.

Hace ya tiempo que afortunadamente no padezco constipación desde mi pseudo-ovolactovegetarianismo (lo de ‘pseudo’ refiere a mi rechazo por todas las carnes excepto la del pescado…disculpen amigos veganos pero honestamente no siento lástima alguna por el mundo marino) Pero debo admitir que fui víctima de un transito lento, pero lentísimo, como si dijéramos calle Oroño a las 12 del mediodía: congestión y embotellamiento extremo.
Como decía, mi falta de costumbre por la buena comida produjo una reacción en mí y el inodoro es testigo crucial. No se si fue Clarita o yo o ambas pero de alguna forma las cañerías se taparon. Y lamentablemente fui yo quien descubrió el desperfecto. Mientras Clarita estaba plácidamente escuchando música con sus dos amigos en su habitación que desgraciadamente está pegada al baño, yo era protagonista de una dura y delicada batalla.

¿Por qué la vida tiene que tornarse tan larga y dura cuando uno menos lo pronostica?
Mi batalla fue tan trágica como la vida misma del Rey Arturo. No recuerdo exactamente como fue que tal rey murió pero puedo asegurarles que jamás hubiera querido morir como lo hizo el Arturo a quien yo hago referencia: mutilado.
No sé si fue de tanto mirar Friends o de haber hecho rewind en la escena del baño de la película “Mi novia Polly” pero mis dotes de plomera de pronto salieron a la luz.“A falta de sopapa, útil es el baldazo” alguna vez me dijo mi madre. Y eso mismo intenté.


Splashhhh, (baldazo) Glu glu glu (inodoro tapado)
Splashhhh, Glu glu glu
Splashhhh, Glu glu glu
Splashhhh, Glu glu glu
Splashhhh, Glu glu glu

Cinco baldazos más tarde y conciente de la serenata y bochinche que había hecho luego de llenar tantos baldes y presionar tanto la sofocada cadena, consideré seriamente la última opción que tanto deseaba no aplicar: guillotina y mutilación.
Y ahí estaba yo. Omnipotente y soberbia parada frente al rey a quien por acuerdo conmigo misma, mi reputación y salubridad había decidido ejecutar. Dando una última mirada de despedida, procedí… lo apuñalé, salvaje y primitivamente. Sorprendida y orgullosa de mi misma al haber superado el desafío, volví a cargar otro balde.
Caray! Las ganas que tenía Arturo de vivir que varias puñaladas y una violenta cascada no fueron suficientes para que la correntada lograra tragarlo y extinguirlo. A eso llamo yo muralla! ( o digestivamente hablando, consecuencia de descomunal consumo de arroz) Arturo seguía firme, poniendo el pecho al baldazo.
Presa de la desesperación porque la situación no mejoraba, decidí ir por refuerzos. Salí del campo de batalla y busque refuerzos: mi querida concubina Clara, que una vez al tanto de la situación me hizo una sugerencia.

Clara:- “Uuuh…para mi habría que probar con soda cáustica. Eso lo va a disolver y hasta que arreglemos el problema de raíz nos va a zafar. Igual dejame pasar que me hago pis”

Yo:- “Uy, bueno… mirá que sigue ahí. Mandale saludos, jej” (risa incómoda)

Clara es tan comprensiva y tolerante que por suerte salió del campo de batalla ilesa e incluso comentando lo simpático que le cayó Arturo, que para ese entonces ya estaba fragmentado.
Respecto al resto de los presentes aquella tarde, sólo Diego realizó un breve y minúsculo chascarrillo resaltando la naturalidad del incidente. Y es cierto, a cualquier puede pasarle, o no?

Habiendo superado este desafío, el nivel de abstracción y relación de confianza con mi concubina se ha consolidado por completo. De ahora en más nos quedará contratar un profesional en el tema plomería e incluir más fibra y menos hidrato en nuestra dieta. Pero como Clarita estudia nutrición no creo que eso sea un problema.
Feliz de tener a mi amiga viviendo conmigo me despido, expectante por los comentarios que vendrán y las críticas que recibiré luego de haber expuesto y compartido lo sucedido en una tarde literalmente de mierda.




miércoles, 28 de abril de 2010

La influencia de la novela mexicana y sus aplicaciones en las relaciones humanas. Parte I




De la hipersensibilidad femenina
Sobre el fichero mental y su pública exposición.



Retomando el post anterior y abarcando ahora la reacción femenina en la ruptura amorosa, proseguiré exponiendo mis andanzas y arrebatos.
Así como uno va a un cumpleaños y suele obtener (quiera o no) el souvenir de la fiestita, cada pareja nos deja, a modo de souvenir, un recuerdo, una cicatriz, un sellito vacuno o una grave secuela. Por cada maniquí que pasaste, en tu vida hubo un antes y un después. Como si fuese un graffiti de puerta de baño de esas YPFs en plena ruta descampada, deja constancia de quién cagó ahí: “Pachu te amo. Yo - la Vero, cagué acá, 1992" (cosa que nunca entenderé es si la Vero pretendería que Pachu viera esa mierda de men
saje o si lo haría por la nostalgia misma que le podría producir defecar en territorio desconocido y sin su gurrumín)
Claro está que en el grupo de amigas, la tendencia es alentarse entre sí a jamás rebajarse ante un
hombre. Justamente para eso están las amigas. Para ayudar a digerir esas ínfimas cosas que, sin pecar de infidelidad ni desamor, nos dejan con los pelos de punta durante toda una noche y van a juicio al día siguiente luego del veredicto tras la definitoria pregunta “como te fue anoche?” (con una inocente y ‘despreocupada’ sonrisita).
Si estamos hablando de un sujeto con facilidad de palabra y correcto uso gramatical, temporal, semántico y experto en empleo de géneros (diferenciación básica de amigo - amiga ), la prueba estará superada.
Si en cambio quien responde sos vos, sonsín, que acude al revoleo ocular, la excesiva onomatopeya y empleo de temerosos y aclarativos “oseas”, You are dead.
Porque es un hecho, hombrecito ingenuo que poco domina la linguística: para el 85% de las mujeres es una gran sospecha o incluso un delito que la hayas pasado muy bien, que te hayas agarrado ‘el’ pedo de tu vida y ni hablar si, habiendo declarado que tu salida fue un “cuelgue total” aparecen fotografías de la vieja chusma de Facebook en la que aparecés con un vaso (no importa si lleno de seven o vodka) y una leve sonrisa en la cara. Una sonrisa tuya en una foto en Facebook con comentarios salvajes y/o en código de los secuaces de tus amigos (luego de haber definido tu noche como un cuelgue), puede ser tan fatal como una portada de 'Paparazzi' con un gato en micro tanga.
Pasadas las preguntas incómodas de las salidas individuales en la pareja, tanto la mujer como el hombre guardan un registro exacto de lo que el otro declara (entiéndase por exacto: registro de tono, palabras empleadas, nombres de desconocidos/as, horarios, fechas y estados civiles)
Porque adhiriend
o a la trillada y confusa frase “yo perdono pero no olvido”, el fichero mental que luego pueda servir de soporte acusatorio, se cuida religiosamente; casi tanto como ese jean que te hace culo y por ende siempre debe estar listo para sea usado.
Es por eso, y aquí quería llegar, que llegados a la escena de la ruptura, la despechada (en este caso sólo porque hago referencia a la mujer, pero ambos lo hacen) abre su fichero que, llegada la guerra, tiene más fichas que el del Hospital Centenario.
Y ahí te quiero ver, Juanita Despechada. Ahí es cuando las feministas de tus amigas deberían estar para detenerte: en la colgada de ropitas al sol en la soga más extensa del mundo!
Vos la creías normalita e introvertida que te pensabas que, por cortarle en público, te ahorrabas LA escena? Ups. Pensaste mal. Pero ya es tarde. Está sucediendo, y…SÍ!, a quien todos están mirando es a Vos. Y por más que mentalmente estés prometiendo dejar la Play por semanas a cambio de que la tierra te trague y la función acabe, No- Va- A- Su Ce Der (o si en inglés te suena más dramático: that’s- not- going- to-happen!). La función comenzó y como todas sabemos, show must go on!
Hay otro casos extremos también que creo conveniente citar. Tengo una amiga (Elenita) que, como fiel ícono y exponente que es de la libertad de expresión femenina, corona el podio de lo que he dado por llamar “hipersensibilidad ma
ratónica”. Y permítanme explayarme en esta cuestión.
El término “maratónica” no fue elegido al azar. Mi amiga, en la vitalidad de sus 18 años, literalmente CORRIÓ a quien, por cuestiones de privacidad, hemos de apodar Dardito luego que el muy cretino decidiera abandonarla. Pero déjenme ser aún más específica. Elenita corrió a Dardito en plena tarde rosarina por nuestra querida peatonal Córdoba, desde calle San Martín hasta presidente Roca. Según mis cálculos y mis mil m
atemáticas rendidas, son 6 cuadras!
Sí, señores. Seis cu
adras en las que, al grito desesperado de “Dardito por favor no me dejes”, Elenita (sin censura alguna) corrió tras el muy cretino que, si algo tenía era estado físico, y eventualmente logró escapar.





(Para aquellos sorprendidos que luego me contactan para preguntarme si las historias son verídicas)

lunes, 26 de abril de 2010



La influencia de la novela mexicana y sus aplicaciones en las relaciones humanas



De la insensibilidad masculina en la pubertad y la escena en la puerta de su casa.

(Sólo la introducción)


Todos, sin excepción, nos mandamos alguna que nos juramos e hicimos a otros jurar que llevaríamos a la tumba por la cantidad de contenido circense- amarillista.

Estoy segura y vengo comprobando que hasta el más heavy, cabeza, cara de malo, machista y creído admite haber tenido el protagónico de algún que otro drama mexicano.

Dicen que el amor es ciego. No me opongo pero sugiero otra cuestión. Si hay algo que realmente nos enceguece más que el amor puro, es la idea de que nos quieran dejar.

Es casi imposible. Por mas modestos y humildes que nos creamos, hay dentro nuestro un/a loc@ de mierda que nos hace creernos perfectos e ideales para el otro. Es por eso que terminamos creyendo que quien quiere dejarnos esta siendo víctima de un mal acomodamiento lunar, un giro planetario erróneo e inesperado o de un movimiento sísmico que accidentalmente revolvió las ideas en su cabeza y lo/a está haciendo alucinar con ideas absurdas.

Y claaro. Como no queremos que cometa la tragedia de dejarnos, nos vemos obligados a hacerles ver la realidad cueste lo que cueste: nos aman y somos perfectos para ellos, ¿acaso hay razón alguna para dejarnos? Claro que no!

Es ahí que, cual tigresa en celo, nos lanzamos al abismo del acto desesperado con tal de que la tragedia de la ruptura no suceda. He aquí mi propio análisis.

En la estupidez e inocencia de mis 13 años estuve enamorada de Juancito. Pero Juancito no me daba ni bola. Juancito moría por Eliana. Eliana tenía tetas y violaba el reglamento escolar de la vestimenta (vestía la pollerita mas corta del planeta mientras que yo la mantenía por la rodilla o quizás más larga, como especificaba el reglamento y el sermón materno)

Después de larguísimos recreos de popa-mancha, popa-televisión y ladrón y poli y, principalmente, luego de que Eliana pasó a las ligas mayores (chicos de 17 o más) Juan decidió darme bola.

Fue a fin de año y duró casi todo un verano. Mi amiga Mara hizo un pacto con él de que ella estaría con su amigo si me encaraba a mí. Así nació la esencia de nuestro amor.

Nos dábamos casi 3 piquitos por día en el predio del Club Provincial al que yo iba en aquella época. Pasó todo Diciembre, pasaron mil cartas mías y pasaron un par de llamados telefónicos de él hasta que los malditos de mis papás tuvieron la terrible e inhumana idea de irnos de vacaciones a un lugar paradisiaco en Brasil con vuelo incluído. Qué oportunos, no?

Vuelta en Rosario, luego de 15 fantásticos días de sol y paraíso brasilero en los cuales no hice otra cosa mas que sufrir y pensar en él, me decidí a darle la sopresa de entregarle mis bombones Garoto y carta de amor, en la comodidad de su casa!


….


No recuerdo al día de hoy, otra tocada de timbre más desesperada en mi vida.

Resultó ser que, a pesar de mi calcita azul quasi culotte que me compre en el viaje para mimetizarme con las negras culonas, el muy cretino decidió jamás abrir la puerta.

Lo que es peor aún es que, por el agujerito, se lo veía a Juancito riéndose y viendo tele con la hermana. Y lo más patético aún fue lo sucedido posteriormente.

(No quiero narrar la parte en que toque timbre unas 12 veces gritando su nombre, golpeando y pateando la puerta a la vez a lo baterista punk. No, esa parte me parece un detalle)

Pasada media hora en su puerta, creí conveniente una segunda opción: irme.

Y así fue, pero no sin antes tirarle por abajo el diario de viaje que le habia hecho, detallando cuánto más lo extrañaba día por día en Brasil.

Al otro día Juancito me llamó por teléfono para comentarme que había decidido que fuésemos amigos y que no tenía problema alguno en que yo divulgara por ahí que yo fui quien lo dejó. Todo un caballero.

Con este antecedente y a tan temprana edad, mis concepciones del amor y las relaciones parecían haber madurado…. cuán errada estaba!


Pasado un Juan, llegó otro. Más lindo, más alto, más músico, más loco y más punk-rocker. Juan era todo lo que yo tenía que tener y yo era lo mejor que podría haberse pensado para él. O al menos eso aseguraba yo en mi cabecita de enamorada.

Pasados unos meses, y sin predicción ni explicación alguna, Juan decidió cortarme.

Cómo describirlo?

Sintió ud alguna vez un camión de transporte de ganado pasarle por encima? Tal cual! Así me sentí yo.

Y lo único que cruzó por mi mente en ese momento fue venganza.

“Me vas a dejar hijo de re mil p#@t!?!?! Vas a morir con la carga de conciencia y te vas a arrepentir hasta el último día de tu vida”

No me importó en lo mas mínimo que mi ex suegro durmiera plácidamente la siesta, me largué a llorar a moco, baba y rimmel corrido suelto, sin parar ni para respirar.

Juan, preocupado por la relación con su padre y para mantener la armonía del hogar, me invitó a salir a llorar afuera, para evitar el ruido y espectáculo, claro.

Fue así como desplazándome de alguna forma y con sus brazos de por medio, literalmente me fui a llorar afuera mientras él esclarecía la situación con su papá que, si mal no recuerdo, comenzó a indagarlo por tanto llanto barato en el hogar.

Ahí estaba yo. En el escaloncito de la puerta de la casa de Juan, con la cara roja, la nariz flojita y los ojos hinchados como un boxeador de tanto llorar.

Mientras esperaba a que él saliera para seguir hablando (en otras palabras, explicarme los beneficios de estar sin mí), pensé en irme a la casa de mi amiga Nadine que vivía en la esquina y así evitar la calle y la mirada chusma de la gente que pasaba. Pero claro, las ideas coherentes en momentos como esos, son ideas de mierda y no sirven. Lo que servía en ese momento era no parar de llorar para que Juan viera como sufría yo sin él.

Esperé otros 20 minutos y como no tuve novedades de él, decidí subirme a mi auto que estaba estacionado ahí en la puerta y ponerme a escuchar mi compilado para el suicidio para intensificar la escena.

Las canciones pasaban, mis lágrimas se iban calmando pero Juan seguía no apareciendo. Preocupadísima de que se me iban parando las ganas de llorar, pensé otras opciones como hacerme la desmayada, que me pisara un auto o inventar un robo para llamar su atención y sus ganas de cuidarme que tan bien le salía. Por suerte descarté todas las opciones cuando ví que la manija de la puerta se movía y Juan venía al auto conmigo porque, seguramente, se habría arrepentido. Con mi más conmovedor puchero, lo miré y mientras se arrimaba al auto, le bajé la ventanilla.


Juan:- Mane, tenés acá mi mp3? Me lo devolvés?


Y en un instante pensé diez mil opciones entre las cuales estaban: romperle el artefacto en la cara o en su cara, tirárselo a la calle o decapitarlo con la ventanilla.

Pero como gran patética y bienaventurada que soy, opté por abrir la guantera y entregárselo con un cálido y amable “ay si, acá lo tengo” de por medio. A lo que él respondió dándose la vuelta y entrando nuevamente a su infierno de hogar.

Paralizada por el hecho, me replanteé el sentido de mi vida y tuve que bajar del auto a espiar por el vidrio de su puerta y corrobar si lo que veía era cierto. Podría Juan, segundos luego de dejarme, estar jugando en la compu?

Si…lo estaba, con patita en el escritorio y todo!



To be continued...

viernes, 23 de abril de 2010


Qué niiinda manito que tengooooo Cho!


De las confesiones y los placeres
a mano.


Muchas veces tuve que presenciar conversaciones en grupos o reuniones que siempre terminan hablando de lo mismo:
sexo.
Y siempre que el grupo es mixto parecerían formarse subgrupos en los cuales
chocan sus cincos los fans y groupies del 69', los que usan lencería erótica, los que lo hacen así, los que lo hacen asá y así en muchísimos otros rangos clasificativos. De paso, si en el grupo hay uno/a al/a que le tenés todas las ganas te viene al pelo porque usas la charla de curriculum wild para que te conozca mejor y, con ayuda de acotaciones de tus amigos, resaltás tus dotes de gauchita o bestia sexual, en el caso de ellos. Toda una táctica.
No tengo problemas en eso. Por lo general me va bien. O al menos las caras de los hombres que han escuchado mis más íntimos detalles, buchoneados por mi misma o mis amigas, no pusieron cara de
no-te-tocaría-ni-con-un-palo-después-de-lo-que-dijeron-de-vos.
Pero el asunto se me complica llegada la hora del jueguito solitario... Y no es por hacerme la "ay yo nunca" porque no soy así. A la hora de prestar declaración siempre resulto la única que dice "No".
Es que, honestamente, encuentro absurda la idea de jugar sola habiendo tanta variedad de juegos para hacer de a dos. Mi idea del placer sexual tiene dos jugadores y por más que ya miré "
Alessandra la sessóloga" y consulté artículos, mi idea general no se ha modificado.
Tampoco quiero mostrar una excesiva preocupación por el tema porque realmente no me ha traído complicaciones ni me quita el sueño.
Pero resulta que hoy encontré la tarjetita de Flavio, mi ex psicólogo, en una billetera vieja de Mickey y me puse a recordar mis sesiones con él. Gracias a Buddha esos días ya son pasado. De todo modos no pretendo subestimar ni mucho menos desacreditar las explicaciones y consejos de Flavio que, más de una vez, solucionaron mis días.
Recordé que, en algún momento, el jueguito solitario ya había sido tópico invitado en alguna que otra sesión y todavía hoy me acuerdo lo que me dijo al respecto.


Flavio:- No siempre el contacto directo en la zona sexual es la forma de masturbarse, cada uno tiene su manera, de eso ni hablar... Vos... por ejemplo, me decías que no podés salir de bañarte y cambiarte sin antes ponerte crema en las piernas, no es así?
Yo:. Ajá...
Flavio:. Bueno, eso, aunque no paresca, es tu forma personal de auto-consolarte !
(que horror esta palabra Auto-Consuelo)
Yo:- Aaaahh....se...es verdad, no lo había pensado así.... Y si, puede ser ... porque a mi me encanta ponerme crema aparte...
Flavio:. Claro...ahí tenés....


Y si, recuerdo que me lo dijo cual descubrimiento y hallazgo que cambiaría mi vida sexual por el resto de mis días.
Yo, en mi afán de sentirme normalita , me aferré a esa deducción de Flavio creyendo poder combatir cualquier debate sexual en lo que a masturbacion refiriéra, total a esto no lo estaba suponiendo yo, me lo dijo el psicólogo, man!
Aún así, pasados los años, pisados los potes de crema y haciendo el esfuerzo necesario logré excavar un pozo que antes no había excavado (no se anticipen al chiste fácil que no es lo que parece) Fui a la raíz primerísima del problema....


Sí... Cristina... Maaamá!


En una mañanita de mates y a solas se nos dio por hacer un collage dialogado de momentos graciosos, patéticos y paupérrimos de mi niñez en los que nos profundizamos sobre el tema educación sexual.
Mate va, mate viene y finalmente obtuve la pieza del rompe cabezas que me faltaba.
Partiendo del hecho que mi educación sexual fue resuelta poniendo el video "¿De dónde venimos?" y por respuestas nefastas y poco explicativas de mi madre, ella me ayudó a rememorar un viejo diálogo.

yo:- má, que es un masturbarse?
mama :- marianela, para qué tenés el diccionario? (evasive-style)
yo:- oh...

......... (inocentemente a mi pieza a sacar del estante el Larousse ilustrado de 200 kilos)

mama:- y? lo buscaste? entendiste?
yo:- see...cuando te pica la chochi no es?
mamá:- (....) qué mierda buscaste?!
yo:- Masturbación... pasa que el verbo no estaba....
mamá:- Bueno.... mmsi... algo así... Pero te rascas como con placer, entendés?
yo:-... Aaah...claro....

Y mirándome la braguetita de mi jogging azul la vuelvo a mirar y le digo...

yo:- Mirá (rascándome la braguetita del pantalón casi como rasgueando una guitarra) Así me estoy masturbando eh?

mamá:- ....



Todos los caminos conducen a Roma. Todas las charlas entre hombres y mujeres conducen al tema Sexo. Todos nuestros conflictos sexuales nos vuelven a nuestros padres.






http://www.youtube.com/watch?v=wKyN9oYaV8s

(El siempre comentado, Muñeca System)



jueves, 22 de abril de 2010

Hiperbolistas.
De la hipérbole, los extremos y sus derivados.



A modo de introducción y dedicado a los extremistas:

NO HAY PREMIO NI RECOMPENSA AL MAS MÁS O AL MENOS MENOS.

Porque siempre, sin excepción, estuvo y seguirá estando en una reunión aquel o aquella pobresito/a cuya experiencia de vida fue mil veces peor que la tuya ( si estás contando algo triste) o diez mil veces mejor ( si estas contando algo genial)
Llamaremos a estas persona "Hiperbolistas", supuestos expertos en el manejo de la hipérbole.

[Hipérbole = del griego ὑπερβολή (exceso), es una Figura Retórica consistente en una alteración exagerada e intencional de la realidad que se quiere representar]

El hiperbolista tiene una marcada tendencia a liderar grupos por imposición y resignacion del
resto, dicho en criollo:
dirigir la batuta porque si lo contradicen, agarrate Catalina!
Por lo general estamos hablando de personas que vienen de infancias traumáticas o de padres ausentes. Sus anécdotas tienen que ser siempre las que sobresalgan y queden resonando en las cabezas de todos los presentes a fin de que ninguno de ellos lo olviden.
Hete aquí el temor del hiperbolista: pasar por desapercibido.
La mayoría de las veces los interlocutores no logran detectar a estos sujetos a menos que sus exageradas acotaciones se repitan más de 3 veces consecutivamente. En el supuesto caso en que un hiperbolista es detectado y/o burlado por el resto, éste, se inquieta e inmediatamente querrá sustentar lo que dice. Veamos el ejemplo:

Víctima:- En serio TAMBIEN te pasó eso??

Hiperbolista:- Siiii, te juro, estábamos con el Pachi y el camión choco la mini cooper. El conductor del camión salió volando y cayó adelante la moto que ibamos nosotros.

Víctima:- Ah, si?! No me digas! Viste la escena del robo,al camionero huyendo con la plata y encima viste al ladrón cayendo delante tuyo? Me parece que estabas viendo una peli eh...

Hipebolista:- Eeeh... Juana. Te pensas que te voy a mentir con algo así?

Víctima:- No, no sé. Digo nomás... parece increíble.

Hiperbolista:- Bueeno loco, al final no se te puede contar nada. No me crees? Para que ya mismo lo llamo al Pachi y le preguntas querés? Que cosa chee...

....

Como decíamos, el hiperbolista es Zapata (si no la gana la empata). Es decir, si no capta la atención de su público en su totalidad, al menos querrá dejar constancia de que sus palabras sos 100% fiables y de buena fuente. Pero muy dentro suyo sabe perfectamente que nadie va a ceder a hablar con ningún
Pachi para corrobar lo antes comentado, es un trámite y estamos cansados de la burocracia y las constancias.
De eso modo, su público ya resignado, decide hacerle oído sordo y sonrisa falsa a todo comentario que el hiperbolista emita.
Bajo sospecha e incluso sabiendo que lo que el sujeto dice es una nefasta habladuría, el resto ya entra en otra dimensión, nueva y completamente convencional. Comienzan a revolearse los ojos entre sí, se reparten pequeños susurros cómplices y se pronuncian falsas reacciones de sorpresa: "no me digas!", "nooo, que loco lo que te pasó"
Y es así como el hiperbolista, sin perder su actitud pero re que te humillado por dentro, inventa un compromiso, un dolor o una llamada y decide retirarse.
Cadena Perpetua ya les dedicó un tema que, por cierto, está bárbaro.
Usted no le preste su oído. Porque siempre habrá alguien más mejor o más peor que Usted. Y cuidado con lo que predica: el pez por la boca muere! Si un hiperbolista lo encuentra querrá hundirlo en las tinieblas.

Inocente:- Naaa, yo curtía la onda punk cuando era chico viste...escuchaba
los pistols y me hacia la cresta, cosas de la edad , viste?

Hiperbolista:- Vos te crees punk por haber hecho eso? Ppfff, no me hagas reir! Yo dormía en la plaza, tomaba vino de cajita y fumaba puchos del suelo, gil! Y cuando podía cocinar, rebozaba las milanesas en punk rallado...jaa!



Queda comprobado. El colador es mas que necesario. Filtre la información! Expulse el excedente! No se contamine ni se deje engañar!



http://www.youtube.com/watch?v=f9n1FJQ6GY8&feature=related