martes, 22 de octubre de 2013

El origen de la alergia

Ni los grandes laboratorios ni los agentes de propaganda médica son boludos y hace rato comenzaron a notar el cambio. Por supuesto que no expresan su rechazo y, por el contrario, defienden las propuestas de esta incipiente movida naturista - mientras no los afecte - que de a poco se va ganando la confianza y cariño de la gente y sus estómagos. Está todo bien con la ecobolsa y los volquetes europeos que clasifican la basura mientras no les toquemos la industria y sus bolsillos.
Los muchachos se vienen zarpando feo con los remedios que están inventando y si bien hay muchos fundamentalistas de las pastillas, hay otros que al fin están viendo el signo peso asomarse tras la careta de la medicina tradicional.
En todo grupo de amigos hay un jipi o un cheto seguidor de la movida orgánica y saludable que jactándose de alterno proponen soluciones verdes a molestias que antes no desaparecían sin la ayuda de súper pastillas que tenías que cortar en cuatro o envolver en migas de pan para poder tragar .
La letra cada vez más chica de los prospectos, que de próspero sólo tienen la raíz de la palabra, desata la ira de los miopes y está movilizando sugestiones con mayor facilidad:
-"Ni se te ocurra andar leyendo esas porquerías antes de tomar el remedio", protestaba mi mamá en casa cada vez que, exagerando mis padecimientos, leía y saludaba a los males que al rato me acecharían: 
-"Taquicardia, un gusto. Marianela, tu nueva víctima". Así, mi vulnerable cuerpecito alojaba cuanto efecto adverso quería hospedarse en mí. No sugiero con esto que toda contraindicación se cumpla cual profecía de Nostradamus, pero el poder de sugestión, sobre todo en los niños, es tal que el miedo a padecerlo y una evidente necesidad de afecto crean las condiciones necesarias para que se concreten. Como una especie de permiso de demolición que habilita a romper todo.
Tanto en la niñez como en los intentos de suicido, ningún llamado de atención debe pasarse por alto, para desgracia de las madres y voluntarios de asistencia al suicida, por lo que mi mamá estaba siempre pendiente de mi o fingía estarlo con gran profesionalidad.
-"Mejor seguirle la corriente un rato que después tener que lamentarnos por no haberle creído", la escuché decirle a alguien una vez.
Que no se crea tampoco que la sugestión es cosa de chicos o  se caerá en la imbecilidad colectiva que sacraliza supersticiones y trivialidades que jamás exceden diálogos de ascensor con algún vecino.
Sin ir más lejos, incluso el alcohol y las tentadores drogas de diseño de gran popularidad en raves y fiestas electrónicas ilustran el mismo fenómeno. Hace un tiempo se me ocurrió llevar espirulina a alguna fiesta y ofrecerla como éxtasis y apuesto a que más de uno me agradecería el viaje. Algún día lo voy a intentar.
Ahora bien, cuando de drogas legales y enfermedad se trata, hasta los yonkies más viejos mutan en ositos mimosos: "Uh, esto me va a dar mareos y yo acá sólo, un garrón...". Lo que en la inocencia de la niñez pide a gritos  el afecto materno, en la adultez suele usarse, también, como herramienta de manipulación en la pareja. Son pocos quienes expresan con claridad el deseo de estar acompañados en la enfermedad y,en cambio, son mayoría los que detrás de un 'hace como quieras' o 'no, posta no me jode que salgas' aguardan con tazas voladoras (o vajilla en general) e interminables planteos la decisión final que jamás coincide con lo que literalmente se dice. El 'hace como quieras' es públicamente conocido como 'más vale que hagas lo que te digo o se te pudre todo' por quienes saben qué les conviene de la misma manera que a toda expresión que comience con 'no me jode' debe tachársele el no para leerse correctamente.
La sugestión de la letra chica está causando estragos en todo sentido y la confianza en los medicamentos dejó de ser ciega por lo que ahora, a modo de patovica, se cachea toda droga legal que se va a consumir.
Los visitadores médicos saben que están volviéndose los malos de la película por fomentar la píldora-dependencia en los adultos débiles quienes, a su vez, se reconocen como blanco favorito de los representantes de la movida verde que polemizan con enérgicas apologías de la marihuana, el yuyo más efectivo.
Los remedios de la abuela ganaron tanto terreno que en algunos pueblos y ciudades ya han confiscado hectáreas. Como era de esperarse, los empresarios no se quedaron de brazos cruzados.
Así como los publicistas se encargan de crear nuevas necesidades que perpetúen el consumismo, los dealers legales de traje y corbata se propusieron inmortalizar aquello que más dinero les deja: las afecciones crónicas. Es cierto que las enfermedades serias, esas que con sólo nombrarlas generan tensión e incomodidad, garpan más pero si el cáncer se propagara en exceso quedaría en evidencia la intervención de los muchachos y de ahí al caos total habría sólo un escalón. Por eso, es mejor acechar con molestias sonsas como alergias crónicas y celebrar la elevación del imperio de la loratadina.
Las alergias son tan comunes y fáciles de tratar que basta con una dosis diaria de algún antilaérgico para aminorar los síntomas.Total lo de 'diario'casi que no jode a nadie. De hecho, ya son mayoría los consumidores adictos que gracias a la pregunta de rutina de toda consulta médica '¿qué medicación consume a diario?' se le resta importancia a la dependencia priorizando el bienestar que, encima, nos justifica el uso de los coquetos pastilleros, tan cool y en boga actualmente.
Lo que nadie sabe es que hace tiempo fuimos engañados.
Existió una vez, hace décadas, una asamblea de la que se suprimió todo tipo de evidencia. La junta había convocado a los principales representantes de reconocidos laboratorios, médicos, agentes de propaganda médica y guardaparques. Estos últimos poco entendían su participación hasta que el motivo de la reunión se dio a conocer. 
Casi anticipándose a lo que años más tarde sucedería  y pretendiendo desestimar la botica de la abuela, los asambleístas acordaron en un método o, más bien, un recurso que prolongaría el advenimiento de nuevas enfermedades. Es aquí donde entra en juego el rol de los guardaparques: la estrategia proponía una plantación masiva de plátanos por toda la ciudad y alrededores. 
Estos arbolitos fueron conocidos, tras varios estudios, por provocar diversos síntomas alérgicos en cualquier persona que no tuviera sus defensas en óptimas condiciones por lo que el éxito ya se encarnaba  en sus rostros. Bastaba con una proliferación de árboles e intervención química de alimentos que lograra adicción  a la vez que desnutrición en los consumidores y voila, la operación sería un éxito.
De este plan tan real como macabro, pocos sospechan y, para suerte de los poderosos,  los lúcidos que llegaron a cuestionarse algo semejante han sido tildados de lunáticos o subversivos que, con tal de bardear al sistema inventan teorías súper disparatadas.
Sólo una cosa es cierta: existen centenares de árboles que pueden plantarse y crecer en nuestra región y, sin embargo, hay una especie que predomina en la ciudad que es, a su vez, la responsable de las narices rojas, erupciones cutáneas y coro de 'achises' que musicalizan las veredas donde se encuentren estos especímenes. Raro, no?