jueves, 17 de octubre de 2013

Mi amigo Bruno

 Mi mejor amigo se está volviendo libro. Es una hermosa persona que ha dedicado estos últimos años de su vida a leer casi tan compulsivamente como yo a tomar infusiones y abandonar carreras. Nos vemos poco porque él trabaja y lee mucho y yo boludeo, leo poco y escribo mucho pero cuando lo hacemos notamos que la poca periodicidad no nos afecta en lo más mínimo. Cada tanto discutimos un poco porque yo lo acuso de opinar desde sus lecturas y porque suele clasificar y comparar las pelotudeces que digo y hago con grandes conceptos de reconocidos pensadores que él leyó y que a mi, como estudiante de filosofía, debieran al menos 'sonarme de algún lado'; pero nunca pasa.
Él es muy groso pero me asusta que pierda su cuota de sinsentido y lo trague la racionalidad. Me tranquiliza bastante saber que su mejor amigo, Martin, el tincho, si bien es tan nerdo como él, sabe compaginar la insensatez y la vulgaridad con, quizás, una obra de Shakespeare. Me cae bien por eso y porque se encarga de agarrarlo a Bruno de sus largas patas para que no se nos eleve al mundo de las ideas. O al menos no se vaya del todo.
Bruno es de esas personas que te habla del ser y el logos cuando lo visitás a las 2 am con tanta naturalidad y a la vez preocupación que te dan ganas de abrarazarlo y de tomar apuntes de lo que dice. Yo, últimamente, hago las dos cosas y me reservo la parte final de nuestros encuentros para hablar de citas, chicas, amor y todas esas porquerías de las que siempre reniega y señala de incomprensibles. Porque Bruno es así, puede explicarte una teoría que cualquiera usaría como tesis doctoral pero tiene dificultades para comunicarse efectivamente con el sexo opuesto. Lo que yo insisto en remarcarle es que, por fin y por suerte, hay actualmente una reivindicación de los nerds. Hoy ser nerd es cool, como decían los chicos de Radio Gonzo anoche en el programa. Y si es por esto, él tiene todo para ganar. Es muy lindo chico, pese a su insistencia a negarlo (que suele violentarme) y en el fondo, mientras no le hables de pseudociencias y rituales mágicos sin argumento científico que tanto lo irritan, es fácil ver que es un adorable bípedo que atrás de su imagen de pibe intelectual -0 snob y 100% real- lo que más desea es compartir una comida con alguien que le de el mismo amor que él da.


“No tengo autoría sobre mi mismo, al menos no en tanto que no me decidí en el mundo, por tanto podés escribir sobre mi con la misma libertad que sobre un árbol, un país o lo que sea que, como yo, sea parte del mundo que experimentamos. Osea, si gorda obvio. Te quiero. “


Esto último me respondió cuando le pregunté vía sms si podía escribir sobre él. Poquito lo conozco, eh?